Un catálogo

by Alberto Gonzáles Lapuente (abc.es)

«Suena «Don Giovanni» en el Palau de les Arts de Valencia. En escena está Erwin Schrott, a quien ser el protagonista, digámoslo ya, le sienta como un guante. Ataca «La ci darem la mano». A mitad de la estrofa hace un súbito pianísimo. De pronto, Lorin Maazel se encoge. Baja la orquesta y se funde con el cantante. Es otro. Al maestro le sientan bien estos acicates que transgreden su niquelado convencionalismo. Y aún ver a Maazel acompañar es algo digno de contemplarse. El gesto, la seguridad, el control exacto y pausado lo son todo. No es de extrañar que suene tan bien la orquesta del Palau. O que Schrott pudiera explayarse cómodamente en infinidad de matices, regulando sutilmente la potencia de su voz, luciendo «fiato» y plantándose con resolución, chulería y, ante todo, altura, marcando distancias. Su Don Giovanni es ya otro hito valenciano. Y no se acaban. En aquel sensual «duettino» también intervino Maria Grazia Schiavo, una Zerlina de voz delicada e insinuante. O si se quiere, juguetona con el dolor y el deseo que es algo que apresura el ánimo conquistador. Por otras razones merece la pena citar a Marina Poplavskaia, siendo lo suyo más racial: se le salió la vida al proclamar, como Doña Anna, «¡Ése es el asesino de mi padre!», luego decayó algo dejando medias voces y vibración, el refinamiento justo y un grueso italiano.
Es igual. Su consistencia se unió a la dramática regularidad de Barbara Frittoli, enjundiosa y gran Doña Elvira; al muy bien asentado Leporello de Alexander Vinogradov y a la aparentemente saludable claridad del Don Octavio de Francesco Meli. Entre ellos sonó la resuelta expresión de Nahuel di Pierro, Masetto, y la lírica expresión del Comendador Vladímir Vaneev bordando aquello que otros desgañitan. Esto es: todos entretejiéndose. Haciendo virtud en el total.
Tras el hundimiento de la plataforma escénica, a Jonathan Miller sólo le quedó un poco más de la corbata. Puso un fondo negro. Y aún así hubo mucho teatro. Convirtiendo en tragedia de lo «giocoso». Disfrutando y haciendo disfrutar. Una gran representación.»

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