Hacer Mozart en Viena

by Jorge Binaghi (Operaeyre)

«La ópera se representaba no sólo como parte del homenaje a su autor, sino también para permitir, dicen, a Bryn Terfel despedirse del protagonista. Si siempre fue mejor y más creíble como ‘Leporello’, ahora, tras un período en que partituras más duras ocuparon su garganta, el seductor no brilla por apostura o dominio escénico, ni, peor, por su canto: le faltó flexibilidad, no hubo casi media voz y sí algunos molestos altibajos en ataques y en texto (el éxito estaba descontado; se trata de un artista carismático y mediático y lo sabe y lo explota muy bien). Su criado, que últimamente ha sido un excelente ‘don’, dominó en cambio la escena por apariencia, desparpajo, simpatía, y un intenso y parejo color vocal: bravo para Erwin Schrott, que sigue una carrera ascendente y logra lo que pocos: ser tan brillante en servidor que en disoluto aristocrático. El secreto está en un canto siempre noble que, aunque utiliza algunos recursos con los que puede no estarse de acuerdo (véase el final ‘rugido’ de ‘Madamina’…), se mantiene siempre en el alto nivel que Mozart pide.

Ricarda Merbeth llegó muy alto como ‘doña Ana’, pese a una voz no muy atrayente. Cantó con sonoridad los momentos feroces (primera escena y ‘Or sai chi l’onore’, donde por primera vez en un teatro recordé a la Nilsson ) y con apropiadas agilidades y medias voces los otros (el recitativo de ‘Non mi dir’ –italiano aparte- fue memorable y casi di un respingo cuando vi por fin que una voz de esas dimensiones intentaba,y lo lograba en buena medida, el trino en el final del aria). Casi lo mismo, con voz más bella y un canto notable pero con ciertos momentos muy justos, puede decirse del ‘don Octavio’ de Matthew Polenzani, un tenor polifacético y consumado estilista además de actor mesurado y sensible. Alexandra Reinprecht fue una brillante Zerlina, y si no lo fue más se debió justamente a un color más bien opaco en el agudo para una soprano de sus características. Cellia Costea superó impresiones anteriores no demasiado positivas con esta misma ‘doña Elvira’ que, si no se impuso, no desentonó aunque la afinación no sea siempre su fuerte. In-Sung Sim tiene mucha voz y es toda una figura, pero ‘Masetto’ no es exactamente así: cuando lo cantaba Capuccilli,nadie podía decir que el artista sería un gran intérprete de Verdi, ni falta que hacía. Lo más débil fue el ‘Comendador’ de Ain Anger, una voz más bien incolora y con problemas de emisión en la zona aguda. El coro se lució en sus no demasiadas intervenciones. La puesta en escena de Roberto de Simone fue muy oscura e intrascendente, lo que hoy puede llegar a ser una virtud. Peter Schneider dirigió con mucho volumen y empaque, haciendo prevalecer el ‘dramma’ sobre lo ‘giocoso’ y de modo correcto como poco memorable. La orquesta…hay que escuchar a esas cuerdas para darse cuenta de qué poco ha escuchado uno en realidad a una gran orquesta en esta ópera…»

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