«Me gustaría actuar en teatro o en un musical de Broadway» – 03-03-2008

by Marta Moreira (abc.es)

Erwin Schrott (Montevideo, 1972) es junto con Carlos Álvarez el cantante más asiduo de la corta historia del Palau de les Arts. Su compromiso con el teatro valenciano, cimentado gracias a la labor de Helga Schmidt, tendrá como colofón su traslado a Valencia, ciudad en la que quiere echar raíces con su familia.

-Imagino que cuando un cantante se especializa en el repertorio mozartiano tiene ante sí el reto de ofrecer algo más. ¿Se le pueden dar nuevos matices a Fígaro a estas alturas?

-Es la gran reponsabilidad que tenemos como intérpretes. Responsabilidades que sólo se toman cuando asumes riesgos. Ofrecer algo diferente no quiere decir con falta de respeto o con cambios exagerados. Siempre hay que garantizar el mantenimiento de las leyes musicales, el estilo, la trama y la época original del autor. A partir de ahí uno puede exprimir el personaje a su manera. El exceso de permisibilidad es lo que lleva a la arrogancia y el egocentrismo. Nosotros sólo somos intérpretes, la creación ya está hecha. Por mucho que estemos dotados de genio, las claves de la obra maestra ya nos vienen dadas. Y precisamente los cantantes más grandes son los más humildes.

-Precisamente su mentor más notable, Plácido Domingo, es conocido por su sencillez a pesar de vivir en el estrellato.

-Plácido es un marciano, no es humano. Es un cantante al que nadie se debe comparar, aunque todos deberíamos aprender de él. Es uno de los pocos colegas a los que da gusto escuchar por la excitación constante en la que vive, por su capacidad para sorprenderse de las cosas más pequeñas después de cuarenta años de carrera. Debo agradecerle que tras conseguir que me hiciera una audición me llamó inmediatamente para interpretar a Dulcamara en «L´Elisir d´Amore» de Donizetti en Washington; un personaje que suelen interpretar cantantes de sesenta años. Yo tenía entonces 23 y nuca había hecho un papel protagonista, pero ese tipo de oportunidades son de las que no puedes dejar pasar.

-¿Era uno de esos papeles en los que uno puede dañarse la voz?

-En todos los papeles puedes dañarla, desde el más pequeño hasta el más complicado. Depende de tu preparación. Estamos hablamos de dos cuerdas vocales que son más frágiles de lo que pensamos, basta muy poco para destruirlas.

-¿Alguna vez ha temido perder su herramienta de trabajo?

-Puede llegar a dar mucha paranoia, pero si te vuelves loco con ello te pasas el tiempo enfermo y tienes que vivir en un iglú. Hay cantantes que no hablan en todo el día, otros que no caminan… Pero los virus están en todos los lados y hay que aprender a estar en el ambiente común. Yo tomo algunos cuidados, llevo una vida sana, pero sin volverme loco.

-Recientemente ha participado en una producción bastante moderna de «Las bodas de Fígaro» en Zurich. ¿Qué puede adelantarnos de la que se presenta aquí?

-La de Zurich era totalmente distinta a esta, allí el conde era un mago, por ejemplo. Éste es un montaje que transcurre apenas un poco más tarde de cuando Beaumarchais escribió la obra. El decorado es decrépito, anunciando el fin de la época dorada de los nobles y como preludio de la Revolución Francesa. Fígaro está representado como un sirviente que se muerde la lengua y cierra el puño.

-¿Ha sido la especialidad como bajo en Mozart un camino voluntario, existiendo papeles tan agradecidos para barítono en Verdi?

-He tenido la suerte de estudiar con grandes profesores que me insistían en que Mozart era una escuela de canto, que con él descansabas la voz, y aunque yo quería cantar otras cosas (como hacer dramas y pegar gritos en el escenario), puse toda esa testosterona en una cajita y les hice caso. De todas formas no tengo interés por el momento en actuar como barítono. He hecho algunas cosas sueltas de Verdi, con filmaciones para DVD fuera del teatro. Tomé a Alfredo Krauss como ejemplo de cómo se puede profundizar en las obras cuando te especializas en un repertorio reducido, aunque corremos el riesgo de aburrirnos, claro. Yo he decidido hacer una carrera muy cauta y centrada.

-Pertenece a una generación de cantantes de ópera en la que las dotes actorales son mucho más apreciadas y requeridas de lo que fueron en el pasado. Una época en la que además la concordancia física con los papeles es importante. ¿Se ve trabajando en una obra de teatro convencional?

-Me encantaría, aunque no sé si estoy preparado. Me gusta mucho el teatro de prosa, pero nunca lo he intentado, no sé si tengo la técnica vocal. Pero si me lo ofrecen, el papel es ideal para mí y tengo suficiente tiempo para estudiarlo, diré que sí. Ya me han ofrecido antes musicales en Broadway.

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