Un purasangre en el escenario

Interview by Amparo Polo (Expansión.com)

“La ópera debe competir con el fútbol y el cine, si no está muerta”, asegura el artista uruguayo, que defiende una ópera para todos los públicos y la recomienda para que los directivos se quiten el estrés.

Por las venas de Erwin Schrott (Uruguay, 1972) corre sangre austriaca, alemana, española y criolla, pero en el escenario se convierte en un purasangre. Su voz, su físico y unas inusuales dotes como actor sobre el escenario le han valido el calificativo de ‘el Marlon Brando de la ópera’.

Debutó a los 21 años, fue apadrinado por Plácido Domingo y es famoso por interpretar como nadie las obras de Mozart, en especial a un sugerente Don Giovanni.

Si su vida profesional genera ríos de tinta, su vida privada no es para menos. El barítono tiene un hijo de casi dos años con la soprano rusa Anna Netrebko, una de las artistas más famosas del momento. Son como los Beckham de la ópera, pero Schrott lo lleva con deportividad. “Nos persiguen y siempre tenemos paparazzis alrededor, pero yo me lo tomo con humor. ¿Qué puedo hacer si no?”, explica.

Schrott se presenta en la entrevista con vaqueros y camiseta. Acaba de terminar un ensayo en el Covent Garden, donde representa a Fígaro, el papel estelar de la obra de Mozart Las Bodas de Fígaro. Se le ve relajado. Bebe agua. ¿Cómo ha ido? “Fantástico”, responde. “Soy un privilegiado por poder estar cantando en este lugar. Eso es lo importante”. En unas horas, la obra, dirigida por David McVicar, se presentará ante el público londinense.

Schrott es apasionado, habla a la velocidad del rayo y mira fíjamente con unos enormes ojos verdes. Es un conversador nato y habla de cuanto saben los taxistas de Londres de ópera, de su amor por España, de su pasión por el cante jondo y del fenómeno los tres tenores, que ayudó a sacar de su enclaustramiento a la ópera. “¿Qué tiene de malo que mucha gente conozca la ópera Turandot gracias al Nessun dorma que ellos hicieron famoso. Aquel fenómeno provocó el interés de muchos por la ópera”, dice.

Da la impresión de que uno de los objetivos de este uruguayo ese desmontar todos los mitos que tiene la ópera. “Hay un montón de estereotipos que hay que combatir”, dice. Entre ellos, que la ópera es aburrida, anticuada, lenta y larga. Schrott tiene argumentos para rebatir todos estos prejuicios, salvo el último. Porque efectivamente, las óperas, que duran casi cuatro horas, son largas. Pero lo intenta.

“Un directivo que pueda sentarse en una butaca más de tres horas y desconecte de todos sus problemas, sale renovado”, asegura. “La ópera habla de emociones que afectan al hombre desde hace siglos y no admito que alguien me diga que Las bodas de Fígaro no tienen un argumento moderno: la relación entre el conde y su sirvienta Susanna es un claro ejemplo de acoso laboral en el trabajo”.

Schrott tiene su particular versión de esta ópera, que se estrenó en Viena en 1876. Hoy, una trama similar podría vivirse en una empresa. El conde de Almaviva podría ser un alto directivo de una multinacional, Susanna una secretaria y Fígaro, su prometido, el chófer de la compañía. “El directivo quiere aprovechar su superioridad jerárquica para seducirla. Ella no quiere, pero la presión es tremenda. ¿No es esto un drama que se vive en las empresas todos los días?”, se pregunta.

Sin embargo, la ópera sigue siendo un entretenimiento minoritario. El precio es un inconveniente, desde luego –una entrada para ver a Schrott en el Covent Garden llega a costar más de 300 libras (359 euros)–, pero también influye el propio clan operístico. “La gente de la ópera es la primera en poner barreras”, dice el uruguayo. “Nuestro objetivo debería ser competir con el fútbol y el cine. ¿Por qué no? Si nos seguimos empeñando en hacerlo un arte para las élites, la ópera está muerta”, asegura.

Competencia
La competencia por el entretenimiento es más dura que nunca. El cine, la películas en 3D, los deportes, el teatro que vive un cierto revival… “La veracidad del espectáculo de la ópera es nuestra mejor arma: ver cantar sin micrófono a un artista ante 3.000 espectadores es algo que todo el mundo debería vivir alguna vez”, asegura Schrott.

El cantante todavía recuerda la primera vez que actuó en la arena de Verona, uno de los teatros míticos para la ópera. “Me daba cuenta del prodigio de la voz humana y de que un recinto construido por los romanos tuviera la acústica perfecta para que 17.000 personas me estuvieran escuchando”, recuerda.

Schrott empezó a tocar el piano a los seis años y a los ocho cantó su primera ópera. ¿Niño prodigio? “Yo más bien diría que tuve unos padres prodigio”, dice. Su madre amaba escuchar música clásica y vio que su hijo tenía madera de artista. Su padre “era un tanguero viejo”, y su abuelo, ciego, fue violinista y creó la primera orquesta Braille de Uruguay. “La voz es algo con lo que naces, pero para llegar arriba hay muchísimo trabajo. He visto muchas voces maravillosas que se han quedado en el camino”, asegura.

Rumbo a España
Schrott creció en Uruguay pero empezó muy pronto a viajar por todo el mundo. A los 19 años se fue a Buenos Aires para estudiar con Renato Sassola y Ricardo Yost, y de allí marchó a Italia para perfeccionar su canto. Desde enconces, sólo ha vuelto a Uruguay de vacaciones para estar con su familia –tiene allí una hija de 12 años–.

Schrott vive ahora en Viena con Netrebko y su hijo, pero sus planes pasan por trasladarse a España. “Busco casa en la costa, en Moreira o Jávea (Alicante).

Me encanta España y me siento muy unido a este país, de donde proviene mi familia materna. Me gustaría que mis hijos crecieran allí”, explica. El cantante está en trámites para conseguir la nacionalidad española, que podría obtener a finales de este año.

Schrott vive para la ópera, pero su inquietud le lleva a explorar otros campos. Cuando termine su actuación en el Covent Garden, se desplazará a Nueva York para grabar un disco de tangos. “Me encanta el tango y el disco es un homenaje al gran cantante uruguayo Julio Sosa”, comenta. Quizás tras esta expriencia, lo próximo sea un disco de cante jondo. El tiempo lo dirá.

Comments are closed.

%d bloggers like this: