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Don Juan en el nuevo teatro de Valencia

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

by Jorge Binaghi (Operayre)

«El nuevo teatro de Valencia, que hace parte de un más ambicioso y vasto complejo, es un enorme edificio, algo faraónico e intimidatorio, con una sala principal de 1800 asientos y una de cámara. Estrenado con prisa hace exactamente un año, ha empezado a funcionar a ritmo normal hace unos tres meses, con Fidelio . A este título siguió La bohème , y allí se produjo el percance técnico que obligó a cancelar algunas funciones. Una de las plataformas giratorias, o escenarios, sufrió un deterioro en el mecanismo y al foso de la orquesta, vacío por fortuna, fueron a parar los decorados y por suerte nadie más. Mientras este Mozart, que ya había conocido modificaciones y debates por la puesta y por los roles atribuidos a algún cantante, se desarrolló en el proscenio, se dice que ahora proseguirá la temporada con un solo escenario fijo.

De momento, la sala tiene buena visibilidad y acústica algo unidireccional, y como todas las nuevas resulta un tanto impersonal, aunque cómoda.

En cualquier caso, desde mi punto de vista, lo importante es el producto que se ofrece,más que el marco en sí o el acondicionamiento ultramoderno (de poco sirven si lo que se da no resulta interesante).

La nueva puesta de Miller, que no tiene casi decorados, repite, cuando presenta alguna idea, su ya antigua régie (que se vio hace dos años, luego de unos quince, en Florencia). Por ello, si algún intérprete se destacó, se deberá imputar más bien a cualidades personales que al trabajo del director. Si es verdad que impuso que los recitativos se dijeran en forma hablada, hizo un flaco favor a los cantantes que lo siguieron (no todos lo hicieron) y a Mozart.

Lo mejor fueron los trajes. El coro se desempeñó bien en su no muy largo cometido y la orquesta parece realmente buena en su conformación. Lástima que Maazel no parece ser un director para óperas de Mozart, o al menos para esta. Empezó como Beethoven, siguió a ritmo lento y más bien triste, lento y monótono casi todo el tiempo, y tuvo uno que otro momento interesante hasta que llegó la escena final, que fue la única que tuvo una lectura teatral, tal vez excesivamente dramática. Supongo que es suya la idea peculiar de doblar el continuo sumando al clave un violonchelo absolutamente fuera de lugar y que tampoco parecía muy compenetrado con esa labor. Los desencuentros con Zerlina en sus arias se debieron seguramente a que la cantante intervenía por primera vez en el espectáculo, y se salvaron por la experiencia del maestro, pero también a tiempos que convirtieron a los dos momentos en eternos, como también retiró la sensualidad a ‘Là ci darem la mano’. De paso, Fontosh cantó correctamente pero sin imaginación ni peculiar brillo aunque por suerte es una soprano y no una mezzo. Lo mismo, en cuanto a la tesitura, ocurrió con la Elvira de Damato, una soprano interesante y de medios importantes que todavía debe seguir perfeccionando (la emisión del agudo no es siempre segura y los graves suenan opacos), aunque durante la función –era su primera intervención también- fue progresando. Como intérprete es más bien convencional y seguramente en otro repertorio lucirá más.

Lo mismo será quizá también verdad de la otra ‘doña’. El nombre de Poplavskaia se conoce por su intervención como protagonista de La Juive en Londres, y las características de su voz generosa tendrán tal vez mejor ocasión de explayarse que en Mozart, pero aquí, muy aplaudida, y con un italiano perfeccionable, hizo una primera escena y un ‘Or sai chi l’onore’ sorprendentes por caudal e intensidad (no así el recitativo precedente, del que poco se entendió) y se las arregló muy bien con los temibles agudos en pianísimo,aunque allí se advirtió el origen de su escuela, y si bien cantó muy bien la segunda aria, el trino resultó más imaginario que real.

Francesco Meli fue su Octavio. Ha mejorado técnicamente con respecto a su interpretación en Génova hace un año, pero la voz es ahora más decididamente lírica y menos flexible. No obstante administró su fiato de manera loable y el único momento en que tuvo que detenerse, en ‘Il mio tesoro’, debe imputarse, de nuevo, al tempo imposible que le impuso Maazel. Intenta hacer de su personaje ‘todo un hombre’, pero me parece que se le va un tanto la mano (y su interés por Elvira parece desplazado).

Vaneev, con una voz menos oscura que otras veces, sin esforzarse mucho, hizo un excelente Comendador, muy imponente. Mucho más no se le puede pedir a nadie que interprete este personaje.

Di Pierro fue un excelente Masetto. Se mueve y dice bien, aunque me llama la atención que se lo defina ‘bajo’ y que entre sus papeles aparezca ‘Colline’. Yo he escuchado un barítono, y no muy oscuro, y a sus 22 años tal vez le convenga más ‘Schaunard’ para quedarnos en la misma obra. Si evoluciona hacia el registro más grave, siempre estará a tiempo de ‘profundizar’.

Vinogradov es un bajo cantante no muy imaginativo ni de timbre particularmente atractivo: lo primero es más importante para Leporello. Tal vez era su primera ocasión, pero en cualquier caso no resultó muy gracioso (él también tuvo algún problema con el italiano) y pareció muy pendiente de hacer lo que se le decía (y como no parece haber sido ni mucho ni muy novedoso…). ‘Madamina’fue tan correcta como desteñida.

Lo que nos lleva al protagonista. Schrott ha cantado este papel seis veces en seis producciones distintas y contarapuestas en poco más de un año (puede que se me escape alguna; con esta vez, le he visto cuatro). La voz parece haberse hecho más grande desde la última vez que lo escuché (en el mismo papel y en el San Carlo de Nápoles, que es un teatro más grande y de acústica imbatible). El papel no parece reservarle demasiadas sorpresas ni tener aún secretos, pero, como el artista inquieto y completo que es, continúa buceando en él. Su carisma es innegable y cada vez más fuerte: aparece en la escena y los ojos van a él porque se advierte que ahí va a ocurrir algo interesante. Sigo sin estar de acuerdo con la tendencia a ‘decir’ los recitativos (esta vez los empezaba hablando para pasar luego al verdadero ‘recitado’ en algo que me parece una complicación innecesaria y que no da mayor ni diferente dimensión al personaje ni a la obra), pero pocas veces he oido semejante carga sensual en ‘Là ci darem la mano’, frenada también por el dichoso tempo, como le ocurrió también con la despreocupación y ‘la furia de vivir’ que hay, y que el artista daba claramente, en ‘Finch’han del vino’. Su versión de la serenata resultó superior a anteriores por un mejor dominio de la media voz, y tanto la escena del cementerio como la final son, desde el vamos, uno de sus fuertes por intensidad, emoción, ironía y dominio escénico. Habría que destacar su ‘Metà di voi qua vadano’y el final del primer acto por la propiedad del acento, la pastosidad del timbre, su homegeneidad y extensión y la posibilidad de aligerarlo…Sólo se me ocurre que, pasado el año Mozart, y sin dejar a este autor fundamental para la voz, alterne más al amo con el criado y dé más lugar a Figaro (no lo veo aún para ‘Alfonso’ de Cosí , y ‘Guglielmo’ es demasiado claro, aunque no le ofrecería, creo, problemas…)Sigo creyendo que, dentro de esa categoría ambigua de bajobarítono, por color y ‘naturaleza’ su voz se acerca más al primero que al segundo, aunque la extensión en el registro agudo no le ofrece problemas…»

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Lorin Maazel elogia el Don Giovanni del uruguayo Erwin Schrott

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

Entrevista de César Rus (Las Provincias de Valencia, online on Klassicaa Magazine)

«Es uno de los grandes; su nombre es inherente a la más alta calidad artística y ahora ese nombre va unido al Palau de les Arts de Valencia. Nos encontramos en su camerino: él está sentado en una butaca más alta que el sofá en el que me siento. La situación recuerda un poco a la distancia del podio con la orquesta. Durante toda la entrevista contesta con cordialidad y economiza con inteligencia sus gestos de complicidad, lo cual no impide que se muestre en todo momento muy amable.

–¿Cómo un director veterano y que ha llegado a los puestos más altos en el mundo de la música, acepta el reto de comprometerse con un proyecto totalmente nuevo como el Palau de les Arts?

– Precisamente por eso; después de haber hecho una carrera siguiendo una cierta línea que me ha llevado a dirigir las mejores orquestas de mundo, haber dirigido un repertorio multidimensional y haber actuado en los principales festivales, he entendido que es la obligación de un músico de cierta edad establecer un contacto profesional con la juventud. Un contacto que permite asegurar una continuidad a la música clásica en el advenir.

– ¿Y la experiencia?

– La calidad es lo que cuenta y puede estar en un ser humano joven o un adulto. La experiencia cuenta hasta cierto punto.

– ¿Pero no tenía miedo a los posibles riesgos?

– Naturalmente. Un teatro nuevo, en rodaje, es siempre una barca en zozobra. No se sabe lo que puede pasar, pero la única forma de conseguir llevarlo adelante es reunir a artistas y profesionales de la máxima calidad.

– ¿Y afrontar la labor de crear una nueva orquesta?

– El reto de poder formar una orquesta músico por músico a un alto nivel, era un reto que no pude resistir. Además soy un fanático de la ópera (muchos músicos no se encuentran cómodos en el mundo de la ópera), tal vez porque mi padre era actor, me encanta el teatro. Tengo las raíces de actor.

– ¿Cómo ha sido primer contacto con la orquesta?

– Muy bien. Son simpáticos, bien preparados. Están encantados con la experiencia; siempre me dicen que para ellos es un sueño tocar con Mehta y conmigo.

– ¿Y con los cantantes?

– Estoy entusiasmado. Nunca había dirigido una compañía tan joven y estoy entusiasmado son artistas llenos de entusiasmo.

– He observado que deja mucha libertad a los cantantes, por ejemplo ese agudo postizo de Erwin Schrott en la escena final.

– No es que haya dejado libertad a los cantantes, es que he dado mucha libertad a Schrott, porque es un cantante verdaderamente dotado. Tiene un instinto muy fuerte y es un personaje extraordinario sobre la escena. Crea un Don Giovanni muy dramático; además es un hombre atractivo y carismático; aprecio a los artistas que tienen ese carisma, esa magia que cautiva a los mejores públicos.

– ¿Qué diferencias encuentra con Ruggero Raimondi (con quien grabó la obra)?

– Raimondi era mayor que Schrott cuando hicimos Don Giovanni, era más señoril, más demoníaco. Sin embargo Schrott es más creíble, más humano. Él dibuja un retrato de Don Giovanni con sus debilidades y dudas; por el contrario Raimondi era más oscuro. Daba miedo, este no da miedo.

– ¿Con cuál se queda?

– Schrott es más simpático. El personaje de Don Giovanni termina mal, pero no es justo verlo siempre del lado negativo.

– En el resto del reparto hay también grandes artistas que ya son estrellas como Barbara Frittoli.

– Frittoli tiene una gran experiencia aunque es todavía joven, pero es una artista al nivel de Mirella Freni. También estoy muy contento con Francesco Meli quien tiene una magnífica voz, cuidadísima.

– Jonathan Miller se enfrentó a un verdadero reto tras lo ocurrido con el escenario hace unas semanas ¿Cómo ha sido el trabajo juntos?

– Él hizo realmente un milagro. En dos o tres días fue capaz de crear una nueva escena y lo ha hecho con prácticamente nada: dos bancos, una mesa, una silla… y ya. Para eso se necesita experiencia y una mano muy flexible.

– Pero al parecer tuvieron algún problema poco antes del estreno.

– Se habían olvidado de comunicarme ciertos cambios en la escena. Fue una cuestión de intermediarios, pero claro, si doy una entrada al cantante por la derecha y el cantante entra por la izquierda, pues la verdad es que uno se irrita. Pero aprecio a Miller. Ambos estábamos decididos a llevar adelante esta ópera. Por eso el primer día, antes de inclinarnos ante el público, nos dimos la mano.

– En las próximas temporadas va a interpretar muchos de sus grandes especialidades operísticas ¿piensa incluir algún nuevo título?

– Mi ópera.

– Pero ya la interpretó en el Covent Garden ¿cuándo piensa interpretarla aquí?

– La próxima temporada traeré 1984 (su única ópera).

– ¿Y otras obras contemporáneas?

– Mi compromiso es el de hacer algo de repertorio, incluyendo los grandes títulos: Carmen, Simon Boccanegra, etc. Habrá nuevas piezas pero dirigidas por otros. A mí me gusta la música contemporánea –yo soy compositor– pero mi mayor experiencia como director es en el gran repertorio. Así se establece una relación con la tradición. Es muy importante que exista esta unión. ¿Cómo van a aprender si no cómo se hacía Tosca en el siglo XIX?»

Casi una versión de concierto

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

by Rosa Solà (EL PAÍS)

«El fallo en la maquinaria recién estrenada que, hace 15 días, dejó al Palau de les Arts sin las modernas plataformas sobre las que descansa la escenografía, puso al Don Giovanni previsto para diciembre ante una tesitura complicada: o se eliminaba para esta temporada (como ha sucedido con La Belle et la Bête), o se retrasaba (como se ha prometido con la sesión de López-Cobos), o se hacía de cualquier manera en la fecha prevista. Se optó por esta última solución, quizá la menos costosa políticamente: en dos semanas se ha montado una tarima que cubre parte del foso (hay una fila de músicos que tocan por detrás de los pilares que la aguantan) la cual, unida al breve espacio que antecede al telón, proporciona una estrecha franja (cuatro o cinco metros de profundidad, a lo sumo) para la representación. Detrás, como decorado inmutable, un inmenso panel negro (con algunas puertas y ventanas), ocultaba el desastre ocurrido en la caja escénica.

Con tales mimbres no cabía esperar maravillas, a pesar de las declaraciones de Jonathan Miller en torno a sus logros sobre teatros en ruinas. Pero sí un poco más de imaginación. No podía evitarse, probablemente que el coro, y hasta Lorin Maazel, tuvieran que salir a escena por las mismas puertas que utiliza el público para entrar en la sala. Sin embargo, algo se hubiera podido hacer para crear ambientes diferentes, incluso con un mismo decorado. En el dilatado transcurso de la ópera, la iluminación -en ese campo no había nada estropeado-, prometida por Miller como “alternativa” a las deficiencias escénicas, sólo varió, levemente, en un par de momentos. También podía haberse explorado, quizá, el hoy en día utilizadísimo recurso de las proyecciones. Cualquier cosa, en fin, para lograr cambios de clima, en lo que respecta a la escena, desde el asesinato del padre de Donna Anna hasta la serenata de Donna Elvira, pasando por el cementerio, la mansión de Don Giovanni y, sobre todo, el hundimiento de éste en los infiernos, metafóricamente simbolizado el sábado por unas pálidas y virginales ánimas que se lo llevaron, sin pena ni gloria, por una puertecilla lateral. Cabría también hablar de los aspectos en que la escena debe ayudar a la traducción del estado anímico de los personajes. Ciertamente, 15 días son muy pocos para improvisar todo ello, pero si no se podía hacer más de lo que se ha hecho, quizá hubiera valido la pena no empecinarse con el seguir a toda costa dando como ópera, lo que fue, de tapadillo, una versión de concierto de las que se califican como “semiescenificadas”. Disimulada, eso sí, con un bonito vestuario de Clara Mitchell.

Lo que salvó el espectáculo, como tantas veces sucede en la ópera, fueron la música y las voces. Al igual que en La Bohème anterior, y a diferencia del Fidelio que abrió la temporada, se jugó con voces jóvenes en su mayoría, con muy buena materia prima, pequeños fallos sólo hilando finísimo en los requerimientos del canto mozartiano, y capacidad para actuar en el exiguo espacio del que disponían.»

Un catálogo

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

by Alberto Gonzáles Lapuente (abc.es)

«Suena «Don Giovanni» en el Palau de les Arts de Valencia. En escena está Erwin Schrott, a quien ser el protagonista, digámoslo ya, le sienta como un guante. Ataca «La ci darem la mano». A mitad de la estrofa hace un súbito pianísimo. De pronto, Lorin Maazel se encoge. Baja la orquesta y se funde con el cantante. Es otro. Al maestro le sientan bien estos acicates que transgreden su niquelado convencionalismo. Y aún ver a Maazel acompañar es algo digno de contemplarse. El gesto, la seguridad, el control exacto y pausado lo son todo. No es de extrañar que suene tan bien la orquesta del Palau. O que Schrott pudiera explayarse cómodamente en infinidad de matices, regulando sutilmente la potencia de su voz, luciendo «fiato» y plantándose con resolución, chulería y, ante todo, altura, marcando distancias. Su Don Giovanni es ya otro hito valenciano. Y no se acaban. En aquel sensual «duettino» también intervino Maria Grazia Schiavo, una Zerlina de voz delicada e insinuante. O si se quiere, juguetona con el dolor y el deseo que es algo que apresura el ánimo conquistador. Por otras razones merece la pena citar a Marina Poplavskaia, siendo lo suyo más racial: se le salió la vida al proclamar, como Doña Anna, «¡Ése es el asesino de mi padre!», luego decayó algo dejando medias voces y vibración, el refinamiento justo y un grueso italiano.
Es igual. Su consistencia se unió a la dramática regularidad de Barbara Frittoli, enjundiosa y gran Doña Elvira; al muy bien asentado Leporello de Alexander Vinogradov y a la aparentemente saludable claridad del Don Octavio de Francesco Meli. Entre ellos sonó la resuelta expresión de Nahuel di Pierro, Masetto, y la lírica expresión del Comendador Vladímir Vaneev bordando aquello que otros desgañitan. Esto es: todos entretejiéndose. Haciendo virtud en el total.
Tras el hundimiento de la plataforma escénica, a Jonathan Miller sólo le quedó un poco más de la corbata. Puso un fondo negro. Y aún así hubo mucho teatro. Convirtiendo en tragedia de lo «giocoso». Disfrutando y haciendo disfrutar. Una gran representación.»

Roma – Accademia S. Cecilia: La Damnation de Faust

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

by David Toschi (Operaclick)

«Breslavia sul fiume Oder; Praga sulla Moldava. Viaggiando fra fiumi e luoghi mai immobili, fra una tappa e l’altra in diligenza, Hector Berlioz conretizzò, nel 1846, il lavoro iniziato vent’anni prima che prenderà la sua veste definitiva col nome della Damnation de Faust.
Apre con questo lavoro la stagione sinfonica dell’Accademia di Santa Cecilia. In questo 2006/2007 il Parco della Musica ci ricorderà come, per quanto inconcludente possa essere stata la nostra evoluzione musicale – perennemente costretti a goderne i piaceri in luoghi inadatti, maldestramente sfruttati per kermesse politiche – si possano affrontare percorsi poco battuti prestando la necessaria attenzione al pubblico e al botteghino.
Sarà così che programmi non particolarmente accattivanti come La damnation de Faust, i Giocatori di Šostakovič o il Boris Godunov di Musorgskij si intrecceranno con il Concerto di Natale con la IX Sinfonia di Beethoven o il Gala straussiano dei primi dell’anno, assicurando mondanità e snobismo, partecipazione entusiasta e presenza filantropica. La Damnation de Faust di Antonio Pappano, direttore musicale sulla carta, ma forse mentore effettivo della stagione, segue le pieghe di questo ragionamento di soddisfazione delle parti. Da un lato vi è una composizione romantica, generata su uno dei soggetti più stilisticamente puri del repertorio, dall’altro vi è l’inquinamento “teatrale” che ne sposta artificiosamente l’ottica, mostrando al pubblico una composizione sinfonica e al tempo stesso una proiezione operistica. Se però funziona la prima, grazie al contributo impagabile di un’orchestra e di due cori, quello dell’Accademia di Santa Cecilia e quello di Voci bianche di Roma, parimenti protagonisti eccelsi, la seconda si arresta di fronte alla constatazione che se di un aspetto drammaturgico, semioticamente pertinente quindi rispetto ai testi musicale e letterario dobbiamo tener conto, esso non soddisfa per eccesso di semplificazione, ahimé oramai consueto nelle elaborazioni del direttore Pappano.
Fra i due fattori, infatti, v’è un abisso incolmabile di coerenza. Fin troppo enfatizzato l’aspetto sinfonico che fa sì che l’orchestra adotti spesso dinamiche e timbriche in grado di coprire il canto e l’espressione dello stesso. Poco curato e al limite della sciatteria invece l’aspetto teatrale, che sfugge per più di una ragione. C’è, ed è vero, la poca consistenza del cast. Tre nomi altisonanti non riescono a regalare alcun momento di forte comunicazione. Diverse le ragioni: alla poca rilevanza della voce di Jonas Kaufmann, tenore di belle speranze, corrisponde un peso energico, ma scarsamente gestito, dell’impianto di Vasselina Kasarova, mezzosoprano di lungo corso ma dalle sfaccettature estremamente limitate e qui, talvolta, imprecise. Bene si comporta soltanto il baritono Erwin Schrott, che riesce a restituire un Mefistofele piuttosto verosimile al personaggio schizzato da Berlioz che più che creatura demoniaca assume, in questa Damnation, la figura di uno stravagante contadino blasfemo.
Ecco, forse il principale limite di Pappano e della sua lettura è proprio qui: nell’inspiegabile seriosità religiosa che il direttore anglo-italiano dà di quello che è un soggetto non strettamente riconducibile a Goethe ma a un personaggio che fa intrinsecamente parte della mitologia occidentale e quindi, malleabile e plasmabile alle esigenze di ogni autore che vi si confronti.
Ecco, forse il limite ultimo della lettura tutta seriosa di Pappano è nel non aver preso atto del carattere dissacrante di Berlioz, che non si faceva problemi ad ammettere che «Sì… Dopo il pedale obbligato e la cadenza finale della fuga, avanza Mefistofele e dice: Vrai Dieu! Mensieur, votre fugue est fort belle, et telle, qu’a l’entendre on se croit aux saints lieux. Souffrez qu’on vous le dise: le style en est savant, vraiment religieux; on ne saurait exprimer mieux les sentiments pieux qu’en terminant ses prières, l’eglise en un seul mot résume. Maintenant, puis’je à mon tour riposter par un chant sur un sujet non moins touchant que le votre?». A un appassionato di musica che andò a trovarlo domandandogli «la vostra fuga sull’Amen è ironica? Vero che è ironica?», Berlioz rispose: «Ahimé signore, ho paura di sì!» e sorridendo aggiunse: «Non ne era sicuro!!!».»

La dannazione di Faust: concerto o teatro?

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

by Luca del Fra (il giornale della musica)

«Ecco la scommessa dell’apertura della stagione sinfonica di Santa Cecilia: riportare alla sua originaria dimensione concertistica la “Damnation de Faust”, che dalla fine dell’Ottocento conta una consolidata tradizione di allestimenti scenici, i cui frutti migliori vanno probabilmente ricercati proprio nel teatro contemporaneo andato a nozze con la rapsodicità della narrazione da Berlioz. L’approccio di Pappano è in questo senso duplice: un clima decisamente sinfonico si avverte nelle prime due parti, con pregevole dilatazione dei tempi a vantaggio di un fraseggio sinuoso, decise accelerazioni con momenti di virtuosismo direttoriale come nella marcia ungherese, vertiginosi crescendo all’insegna della tensione psicologica. Va detto che in tutto questo non è stato d’aiuto Kaufmann, il cui timbro scuro bene si sposerebbe al personaggio di Faust, ma appariva afflitto da problemi di raffreddamento. Dalla scena della taverna in poi, era però la dimensione più teatrale e istintiva a prendere il sopravvento, facendo perno sul Méphistophélès particolarmente amabile e intrigante di Schrott. Fascinosa la Margueritè di Kasarova, cui si devono i migliori momenti di canto. Ritrovando dopo quattro anni come maestro Balatsch, il Coro ceciliano conferma la sua classe marcando straordinariamente la differenza tra le voci del popolo, della taverna, dei demoni fino agli spiriti celesti dove si sono fatte valere le voci bianche. Altrettanto notevole è la prestazione dell’orchestra, con spettacolari soli di viola e oboe: in Pappano sembra avere incontrato un direttore ideale per una bella serata di musica da cui si esce con la speranza che, senza i clamori della Festa del Cinema imperversanti in questi giorni all’Auditorium romano, lui torni sulla partitura per dargli il colpo di grazia.»

Il «Don Giovanni» scritto da Mozart era un’altra cosa

Posted in Reviews (all), Reviews 2006 on December 31, 2006 by Giorgia

by Lorenzo Arruga (Il Giornale)

«Chiedo scusa alla compagnia di canto. Accennerò soltanto a loro: d’altra parte sono stati felicemente radunati e sono specialisti: l’espertissimo Carlos Alvarez, Ildebrando d’Arcangelo dalla voce sempre bellissima, la molto efficiente Carmela Remigio, l’insinuante Veronica Cangemi; Francesco Meli ed Alex Esposito, poi, sono due certezze per un eccellente futuro e Monica Bacelli (sostituita alla “prima” da Annette Dasch) riesce con la sua classe a darci sempre un’immagine alta dei suoi personaggi. Lungo le prove, ci si è accorti anche della statura di grande protagonista del secondo Don Giovanni, Erwin Schrott. Ma oggi il discorso urgente riguarda tre altri punti: la direzione, la regìa, la Scala.
Direttore era Gustavo Dudamel. Venezuelano, venticinquenne. Qualcuno ha scritto che viene unanimemente considerato una rivelazione. Diciamo non più di quasi unanimemente, perché non tutti la pensiamo come ci dicono nelle conferenze stampa. Per esempio, a me sembra talentoso, dilettantesco e male indirizzato. È bello che alle conferenze stampa sappia dire che Don Giovanni per lui è la libertà e che un giovane lo sente tanto quanto un anziano. Ma è molto brutto che usi la bacchetta con un gesto perennemente su e giù come un bastone da maresciallo o da majorette, che a ogni insieme o a ogni insidioso cambio di ritmo rischi di staccare da sé qualche cantante. Ed è fastidioso ascoltare un’opera misteriosa di ombre, di sottovoce, di sussurri, di «pianissimo» all’insegna d’una tonante energia. È un bel personaggio, con le sue orchestre ha salvato tanti bambini dalla strada. Ma nessuno ha mai affidato un’opera a Don Bosco, che lo faceva anche di più. Regista era il loquace Mussbach, che ha messo due alti muri scuri rotanti e un po’ stazzonati al posto delle scene, e tutti attorno a correre e agitarsi. Nessun contrasto giorno/notte, intimità/folla, tante esibizioni di gesti fra l’avanspettacolo e il bordello, a ogni manciata di secondi qualcuno che veniva buttato per terra. Tutti quando sono insieme cercano di accoppiarsi. Ci si chiede in che cosa consista la trasgressione del grande libertino, se quello è già l’andazzo. In ogni momento, si dimentica il momento che procede. Non c’è storia, ma sciorinio. Se serve per vendere il prodotto, oggi, in questo ambiente devastato dall’ignoranza e dalla paura di non essere abbastanza moderni, può funzionare, perché non sono in molti ad accorgersi che questa roba è un avanzo della vecchia scuola tedesca di regia. Ma sento il dovere di avvertire quelli che vengono alla Scala, esaurendo il teatro in ogni recita, per il Don Giovanni, che Mozart aveva scritto un’altra cosa.
E qui bisogna onestamente riflettere sulla Scala. Che sta organizzandosi molto bene, ma attorno a che cosa? Sembra ambire a far parte d’un circuito medio-alto, generico, di moda. Questo, in una città fieristica come Milano, può piacere: sembra un aumento di internazionalità. Per cui bello è lanciare giovani agli inizi, interessante ospitare artisti di formazione diversa dalla nostra tradizione, ma allora bisognerebbe avere una direzione artistica molto competente e molto forte e il coraggio di accettare di non essere più il sospirato punto d’arrivo per gli interpreti, ma una delle più prestigiose rampe di lancio dell’impresariato musicale. Comunque ieri sera il pubblico ha festeggiato tutti, salvo il regista che ha avuto una buona parte di dissensi.»